Patrimonio

HISTORIA

La Hermandad de la Sagrada Mortaja radica en la Iglesia y en algunas dependencias del compás del que fuera Convento de Nuestra Señora de la Paz, en la calle Bustos Tavera, antiguamente llamada Melgarejos. Esta iglesia, además del citado compás de acceso, es lo que aún se conserva del antiguo convento de monjas agustinas.

Mapa

Del plano de Sevilla de Olavide. 1771

Dicho Convento fue fundado por Andrés de Segura, sacerdote y racionero de la Catedral de Sevilla, en 1571; aunque las obras no llegarían a comenzarse hasta años después. Por su patrocinio se compraron algunas casas, unas con entrada por la actual calle de Doña María Coronel y otras por Bustos Tavera.

Dada la pérdida del archivo del convento existen pocas noticias y testimonios documentales sobre el mismo, sólo por ejemplo lápidas de algunos de los familiares de Andrés de Segura enterrados en el templo (su hermano Diego de Segura, Antón de Segura y su mujer Isabel de León). Algunas fuentes (libro de la fundación del Convento de las Dueñas) apuntan que ingresaron en el convento religiosas provenientes del monasterio cisterciense de Dueñas, muy próximo al mismo, siendo la primera abadesa María de Sotomayor.

Conocemos la fundación de capellanías y la constitución de patronatos como las de Luisa Fernández de Colmenero (que probablemente contrató con Diego López Bueno la hechura del retablo del Niño Jesús), y Manuel Rodríguez Díaz Andrada, quien a mediados del XVII tenía a dos hijas y cuatro sobrinas profesas en el Convento.

No hay datos posteriores hasta el siglo XIX y éstos los conocemos de forma indirecta: en el año 1815 quisieron trasladar a este Convento de la Paz a la comunidad de monjas del de la Encarnación, derribado durante la invasión francesa; la abadesa de éste último se negó alegando el estado ruinoso del mencionado Convento de la Paz, concretamente el hundimiento de su dormitorio; este estado ruinoso se agravó en 1817 por la caída de un rayo que destrozó el campanario.

El Convento de Agustinas de Ntra. Sra. de la Paz se extinguió el 11 de mayo de 1837 a consecuencia de la Desamortización. Curiosamente, por ironía del destino, reunieron a las monjas en el convento de la Encarnación (ya en la Plaza de Virgen de los Reyes), cuya comunidad como hemos dicho estuvo a punto de venir al de la Paz.

Al ser abandonado, el edificio fue compartimentado y adaptado posteriormente para uso como corral de vecinos; la iglesia quedó abierta hasta 1868, año en el que con motivo de la Revolución se cerró al culto aunque afortunadamente no corrió en este momento la suerte de otros monumentos del patrimonio histórico-artístico sevillano, que no fue otra que su derribo (como la iglesia de San Miguel o el convento de las Dueñas, por citar sólo dos ejemplos). Varias de las Imágenes y piezas artísticas fueron desubicadas al trasladarlas a otras iglesias y monasterios: un San Agustín y una Virgen del Rosario fueron para el convento de la Encarnación.

En el año 1936 la iglesia permanecía cerrada al culto, siendo concedido su uso por el Arzobispado a la Hermandad de la Sagrada Mortaja, ante el incendio de la Iglesia de Santa Marina donde tenía su sede en capilla propia. También se refugió en este templo la hermandad de la Pastora de Santa Marina, que posteriormente se trasladó.

El 14 de diciembre de 1967 el entonces Cardenal de Sevilla, Don José María Bueno Monreal, firmó la permuta de la iglesia junto con el compás, por la anterior capilla en Santa Marina, con la citada Hermandad de la Sagrada Mortaja, que la mantiene en la misma sus cultos y su sede canónica.

Anteriormente a esta fecha algunas piezas artísticas, retablos e imágenes, del antiguo Convento de la Paz son trasladadas a la entonces Parroquia de San Román: como dos retablos, una imagen de San Juan Bautista y una Stma. Trinidad, que presidía uno de dichos retablos. Estos retablos, que pueden datarse en el primer tercio del XVII, repiten el mismo esquema compositivo de banco y hornacina principal flanqueada por pares de columnas corintias de fustes estriados en espiral.

En el ático del retablo que aloja a la Trinidad existe una pintura de la coronación de la Virgen. El retablo gemelo aloja en la actualidad una imagen de San Cayetano y la Virgen procedente de la Iglesia de Santa Catalina. Este segundo retablo, que conserva su sagrario original, se remata en el ático con una pintura de la Piedad. También se conserva en la parroquia de San Román (actualmente llamada de San Román y Santa Catalina) un Crucificado de comienzos del XVII, que es tradición estuvo en la cocina de la casa de vecinos en la que se convirtió el convento.
En los años sesenta del siglo XX se derribaron los restos constructivos de las dependencias del convento de Ntra. Sra. de la Paz (al igual que otros en la Ciudad), que como se ha dicho habían sido convertidos en casa de vecinos en el XIX.

DESCRIPCIÓN

2 Fachada Convento

La fachada exterior de la iglesia a la calle Bustos Tavera es muy sobria, sólo muestra un sencillo testero del volumen de la iglesia, con su alto paramento, de esgrafiado simulando labor de almohadillado en la zona superior y de ladrillo visto en la inferior. Recientemente se ha restaurado, apareciendo anagramas alusivos a Jesús, María y José.

Este paramento incluye un hueco de ventana con reja del siglo XVIII y con molduras barrocas, siendo ésta la única ornamentación que presenta el edificio al exterior. Dicha ventana conecta con el camarín del retablo mayor, por lo que actuaría de “transparente”. Éste es un recurso muy utilizado en la época Barroca para iluminar y resaltar la Imagen que alojase, además de facilitar su contemplación por los fieles. Un ejemplo similar lo tenemos en el transparente de Ntro. Padre Jesús de la Pasión en el patio de los Naranjos de la iglesia del Salvador, en nuestra misma Cuidad. La Santa Cruz remata todo el conjunto de la ventana a modo de retablo.

Esta fachada se continúa con el muro de cierre del compás, que aparece presidido por una gran puerta de acceso muy sencilla, acabada en medio punto, con un azulejo decimonónico de la Virgen de la Paz en la zona superior.

Compás

3 Compás

A la iglesia se llega a través de la calle Bustos Tavera, pasando previamente por el compás que tenía por esta calle el convento, un espacio amplio, de planta rectangular y con un tramo cubierto a la entrada.

En dicho tramo cubierto, a la izquierda, vemos un gran retablo cerámico que representa el paso de misterio de esta Hermandad de penitencia reproduciendo un antiguo grabado del XVIII; este cuadro cerámico, pintado en tonos azules por el pintor ceramista José Escolar Mateos, fue bendecido el 15 de agosto de 1973.
En la zona abierta del compás, donde se ubica un púlpito de forja del siglo XVIII y un pozo, existen algunas dependencias de la Hermandad muy reconstruidas en el siglo XX, mientras que a la izquierda se levanta la iglesia conventual, que se atribuye al arquitecto manierista Diego López Bueno, a algún maestro de su entorno artístico, o incluso a Vermondo Resta (por lo menos en sus trazas fundamentales).

Entre los distintos elementos de interés que pueden verse en este espacio figura una placa cerámica, situada próxima a la entrada, en la pared de la izquierda, en la que se narra cómo se fundó la Hermandad de la Sagrada Mortaja a partir de la aparición casual de una imagen de Nuestra Señora de la Piedad en un hueco de la torre de la iglesia de Santa Marina.

Iglesia

La fachada de la iglesia vista desde el interior del espacio del compás sorprende por su elaborada composición arquitectónica y destaca por su esbelta y hermosa portada de corte manierista y dos cuerpos de altura. De ellos, el cuerpo inferior aparece presidido por una gran puerta adintelada enmarcada por pilastras pareadas y hornacinas, mientras que el superior entre pilastras y coronado por un frontón partido, queda centrado por una pintura contemporánea, concretamente de 1978, de Francisco Maireles Vela, representa el momento en el que, según la tradición, fue descubierta la imagen primitiva de la Piedad.

4 Fachada Iglesia

La iglesia es original entre las de conventos de clausura femeninos de Sevilla por su planta de cruz latina (sólo la tiene también el de las Capuchinas, que es de construcción posterior) de brazos casi iguales, por lo que prácticamente aparenta ser de planta centrada o de cruz griega.

Tiene presbiterio pronunciado y pilastras cajeadas donde se apoyan las bóvedas de cañón que cubren los cuatro brazos de la cruz, mientras que el crucero se cubre con una cúpula semiesférica apoyada sobre pechinas con iluminación por óculos y cenital a través de una linterna.

En la cabecera del templo, y cubriendo todo el testero, se conserva su importante retablo mayor, una obra realizada por José Fernando de Medinilla en el año 1752, que mantiene elementos propios del tardobarroco junto a nuevas notas cercanas al neoclasicismo (especialmente su acabado de apariencia marmórea).

6 Altar

Se compone de banco alto, cuerpo central y ático. En la zona central y presidiendo todo el conjunto se sitúa un profundo camarín realizado por Pedro de Soto en 1703, donde se centra el grupo escultórico del misterio de Jesús Descendido de la Cruz y María Stma. de la Piedad, titulares de la Hermandad, acompañados de San Juan, los Santos Varones, María Magdalena, María Cleofás y María Salomé. El Cristo, de Cristóbal Pérez, está datado en 1677 y todo el conjunto está dentro del circulo artístico de Pedro Roldan, resultando de gran dramatismo barroco gracias a su hábil composición.

En los laterales se sitúan las imágenes de San José con el Niño en el lado del Evangelio y de Santa Bárbara en el lado de la Epístola; sobre ambas medallones con San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Sobre el camarín, en el antiguo Manifestador, se incluye una imagen de candelero del siglo XVI de escuela sevillana de la Virgen de la Paz, que anteriormente presidía el retablo. Fue restaurada por Juan Manuel Miñarro en 1987. En el ático puede verse en el centro una imagen de San Agustín, acompañado de religiosos de su orden y en los laterales Santa Mónica y Santa Clara de Montefalco. Remata el conjunto un escudo de la Hermandad de la Sagrada Mortaja, añadido en el siglo XX.

En la Iglesia existen otros retablos de interés aunque hayan sido modificados en su programa iconográfico. En el lado de la Epístola frente a la entrada justo frente a la gran puerta de entrada existe un retablo creado por Diego López Bueno en el año 1613, modificado posteriormente durante el siglo XVIII, siendo su policromía de Diego de Campos. Realizado en madera tallada, de dos cuerpos de altura con ático y tres calles, aparece presidido por una imagen del Niño Jesús; sobre Él se sitúa un busto de San Francisco de Borja, quedando rodeado por otras imágenes de santos jesuitas: en las calles laterales San Francisco Javier y San Ignacio de Borja, además de San Estanislao de Kostka y San Luis Gonzaga
En el crucero encontramos dos retablos del XVII, seguramente de su último tercio, que tienen su policromía alterada siguiendo cánones artísticos de fines del XVIII.
El correspondiente al lado del Evangelio está dedicado a la Virgen de Belén, notable lienzo, a cuyos pies se encuentra una pequeña imagen de Santa Ángela de la Cruz, realizada en barro cocido por José Manuel Bonilla en 1984; en la zona superior incluye un lienzo del XVIII representando el martirio de San Pedro de Arbúes; en las calles laterales hay relieves de diversas alegorías de la Letanía Lauretana.

El otro retablo está dedicado a San José, con una pequeña imagen moderna de la Virgen de los Reyes en el Sagrario; tiene en los laterales lienzos con imágenes de santos: San Joaquín, Santa Ana… atribuidos por algunos autores a Bernabé de Ayala. Se remata con una pintura que representa el momento de la muerte de San José. Este retablo y la imagen de San José han sido recientemente restaurados.

A los pies del templo se encuentra el espacio destinado al coro, que aparece separado del resto de la nave central mediante un artístico cerramiento en piedra con diferentes huecos de distintos formatos y amplias rejas repartidos a través de toda su superficie. La reja que cierra el coro alto es de forja del siglo XVIII. También incluye dos lienzos con unos paisajes del XVII, sobre las antiguas puertas de comulgatorio similares a las de otros templos de clausura.

En el interior de este coro hoy puede contemplarse parte del patrimonio artístico y procesional de la Hermandad, como son los dieciocho ciriales que le caracterizan en su estación de penitencia (su uso era tenido ya a mediados del siglo XVIII como “muy antiguo”, aunque los actuales datan de los años 40 del siglo XX) y el propio paso procesional, una soberbia joya del barroco, tallada en madera dorada y fechada en los comienzos del siglo XVIII.

En el interior del coro alto se conserva un lienzo del XVIII de la Virgen de Guadalupe, que anteriormente estuvo situado en la zona correspondiente al cerramiento inferior del coro, pues este espacio no se recuperó en su totalidad hasta los últimos años 90 del siglo XX , siendo completamente restaurado entre 1998 y 2006. Anteriormente la iglesia tuvo otras varias reparaciones, como la de 1950 en la que se resanaron muros y se pavimentó.

Cerca del coro y en uno de los huecos antes ocupado por uno de los retablos trasladados a la Parroquia de San Román, se sitúan actualmente el Simpecado de la Hermandad, que reproduce la imagen primitiva de la Piedad (imagen de terracota policromada datable a fines del XV o principios del XVI, que actualmente preside la sala de Cabildos en las dependencias de la Hermandad), y un busto de Dolorosa de tamaño menor que el natural con los siete puñales alusivos a los Dolores de la Virgen.

Por toda la iglesia se reparten doce lienzos pertenecientes a una serie sobre la vida de la Virgen, atribuidos al pintor mexicano Miguel Cabrera (1695-1768). Existen otros lienzos, como uno representando el Sagrado Corazón de María, de pequeño formato, sobre la puerta de comunicación de la sacristía con el presbiterio, además de otro sobre la puerta gemela con el tema de la Adoración de los Sagrados Corazones. También junto al coro podemos ver un lienzo de la Piedad.

Por último, entre otros elementos de interés se pueden citar: la ornamentación a base de cabezas de ángeles que centran los casetones de las distintas yeserías de las bóvedas, toda la iglesia se decora con yeserías, especialmente en la parte del arquitrabe. Además se puede citar una valiosa serie de blandones y candeleros de estilos rococó y clasicista en consonancia con los altares. El frontal de altar del retablo mayor es de destacar por su decoración de espejos, típica del estilo rococó.

Espadaña

Espadaña

Está situada a los pies de templo presenta tres cuerpos y seis vanos; en la jambas se adosan pilastras con baquetón en la parte superior. Se decora con fajas vidriadas y presenta también un azulejo con la inscripción “santus deus+santus fortis+santus inmortalis”. En los extremos de la bancada superior existen florones decorativos y todo el conjunto se remata con cruz de cerrajería. Esta espadaña por su estilo arquitectónico puede datarse en la segunda mitad del siglo XVII; fué muy reformada en el XIX y restaurada en el XX.

Bibliografia
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